Las águilas viven 70 años, pero a los 40 deben tomar una difícil decisión, sus uñas se vuelven tan largas y flexibles que no puede sujetar a las presas de las cuales se alimenta, el pico alargado y puntiagudo, se curva demasiado apuntando contra el pecho y ya no le sirve. Sus alas están envejecidas en función del gran tamaño de sus plumas y para entonces, se le hace muy difícil volar
Tiene 2 alternativas: abandonarse y morir, o enfrentarse a un doloroso proceso de renovación, que consiste en volar a un nido en la montaña cerca de una pared, ya que está seguro el águila comienza a golpear con su pico en la pared con mucha fuerza hasta que consigue arrancárselo, después esperará el crecimiento de un nuevo pico, con el que se desprenderá una a una sus viejas uñas. Cuando las nuevas garras comienzan a nacer, comenzará a desgarrarse sus desgastadas plumas.
Y después de todos esos largos y dolorosos cinco meses de heridas, cicatrices y crecimiento, logra realizar su famoso vuelo de renovación, renacimiento y celebración para vivir otros treinta años.
Estaba el Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de mayor concentración del Buda, lo insultó lo escupió y le arrojó tierra.
Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente, atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para darle su merecido.
Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole:
-Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida
El agresor no daba crédito a las palabras de Buda y aún se sorprendió mucho más al escucharle decir:
-Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un engaño de la mente esto de ver la unidad en todo-.
Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.
A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida:
No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me perdone y me acepte junto a Usted-. Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: -Usted es libre de quedarse con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo-. El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que el Buda respondió: -“Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido; solo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida-.
Pero el agresor le dijo:
Maestro pero yo cometí una falta contra usted, lo menosprecie e insulte, por eso le pido me perdone-. Y Buda le dijo:
No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar-.
El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con comprensión infinita:
Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado”
Este hombre, llamado Bahij, entra a un banco de Nueva York y pregunta por un préstamo. Le atiende un agente del banco y le pide más detalles. El hombre le comenta que tiene poco tiempo viviendo en NY, y que debe ir a Filipinas durante dos semanas por negocios, de manera que necesita 5 mil dólares y que los devolvería al regresar. El agente le responde que necesitan algún tipo de aval para realizar el prestamo.Bahij, hombre de negocios, pone encima de la mesa las llaves de un flamante Roll Royce que está aparcado justo delante del banco. Sacan una copia de los papeles del mismo, hacen una rápida inspección técnica, y aceptan como aval el Roll Royce del cliente.El hombre sale con el dinero y un empleado del banco coge las llaves del coche y lo guarda en el parking. Todos en el banco se echan una risa a costa de Bahij, que deja como aval un Roll Royce de $350 mil por un préstamo de 5,000.A las dos semanas, el hombre de negocios vuelve al banco, devuelve los 5 mil dólares más los intereses, que ascienden a 15,41 dólares. El agente le devuelve las llaves del coche y no puede resistirse a hacerle una pregunta: Señor Bahij, estamos contentos de haber cerrado esta operación con usted, pero aquí en el banco estamos todos un poco desconcertados. Miramos su cuenta corriente y vimos que usted es millonario, ¿Por qué nos pide un préstamo con la cantidad de dinero que tiene?Bahij le mira y le responde: “Le dije que tengo poco tiempo aquí. ¿Sabe usted de algún sitio que me cobren 15,41 dólares por guardar un Roll Royce durante dos semanas con la garantía de que cuando lo retire lo tendré intacto?”
Un gerente llevó globos a su trabajo, y le regaló uno a cada empleado. Después, ordenó que anotaran sus nombres en su globo, los dejaran en el suelo, y abandonaran la sucursal. Una vez que estuvieran fuera de la tienda, les dijo: «Tienen 5 minutos para que cada uno encuentre el globo que lleva su nombre». Los empleados entraron y buscaron, pero se terminaron los 5 minutos, y nadie pudo encontrar el suyo. Luego, el supervisor les dijo: «Ahora tomen cualquier globo, y entréguenselo al dueño del nombre que lleva anotado». En apenas un par de minutos, todos los empleados ya tenían el suyo en la mano. Finalmente, dijo el gerente: «Equipo, los globos son como los negocios.
Nadie va a encontrar el éxito rápido buscando su bienestar solamente. En cambio, si cada uno se preocupa por el éxito de su compañero y de su equipo, su negocio alcanzará el éxito antes de lo que se imaginan».
Durante la ocupación de Okinawa, un Samurai que le había prestado dinero a un pescador, hizo un viaje para cobrarlo a la provincia Itoman, donde vivía el pescador.No siéndole posible pagar, el pobre pescador huyó y trató de esconderse del Samurai, que era famoso por su mal genio.El Samurai fue a su hogar y al no encontrarlo ahí, lo buscó por todo el pueblo.A medida que se daba cuenta de que se estaba escondiendo se iba enfureciendo.Finalmente, al atardecer, lo encontró bajo un barranco que lo protegía de la vista. En su enojo, desenvainó su espada y le gritó: ¿»Qué tienes para decirme»?.El pescador replicó, «Antes de que me mate, me gustaría decir algo. Humildemente le pido esa posibilidad.» El Samurai dijo, «Ingrato! Te presto dinero cuando lo necesitas y te doy un año para pagarme y me retribuyes de esta manera. Habla antes de que cambie de parecer.»»Lo siento», dijo el pescador. » Lo que quería decir era esto: Acabo de comenzar el aprendizaje del arte de la mano vacía y la primera cosa que he aprendido es el precepto: “Si alzas tu mano, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza, restringe tu mano.»El Samurai quedó anonadado al escuchar esto de los labios de un simple pescador. Envainó su espada y dijo: «Bueno, tienes razón. Pero acuérdate de esto, volveré en un año a partir de hoy, y será mejor que tengas el dinero.» Y se fue.Había anochecido cuando el Samurai llegó a su casa y, como era costumbre, estaba a punto de anunciar su regreso, cuando se vio sorprendido por un haz de luz que provenía de su habitación, a través de la puerta entreabierta.Agudizó su vista y pudo ver a su esposa tendida durmiendo y el contorno impreciso de alguien que dormía a su lado. Muy sorprendido y explotando de ira se dio cuenta de que era un samurai!Sacó su espada y sigilosamente se acercó a la puerta de la habitación. Levantó su espada preparándose para atacar a través de la puerta, cuando se acordó de las palabras del pescador: «Si tu mano se alza, restringe tu temperamento; si tu temperamento se alza restringe tu mano.»Volvió a la entrada y dijo en voz alta. «He vuelto». Su esposa se levantó, abriendo la puerta salió junto con la madre del Samurai para saludarlo. La madre vestida con ropas de él. Se había puesto ropas de Samurai para ahuyentar intrusos durante su ausencia.El año pasó rápidamente y el día del cobro llegó. El Samurai hizo nuevamente el largo viaje. El pescador lo estaba esperando. Apenas vio al Samurai, este salió corriendo y le dijo: «He tenido un buen año. Aquí está lo que le debo y además los intereses. No sé cómo darle las gracias!»El Samurai puso su mano sobre el hombro del pescador y dijo: «Quédate con tu dinero. No me debes nada. Soy yo el endeudado.»
Una anciana se subió a un autobús y tomó su asiento. En la siguiente parada, una jóven mujer, fuerte y gruñona subió y se sentó bruscamente junto a la anciana, golpeándola con sus numerosas bolsas. Al ver que la anciana se mantenía en silencio la jóven le preguntó por qué no se había quejado cuando la golpeó con sus bolsas? La anciana respondió con una sonrisa:
«No es necesario ser mal educada o discutir sobre algo tan insignificante, ya que mi viaje a tu lado es tan corto porque me bajaré en la próxima parada…» Esta respuesta merece ser escrita en letras de oro: «No es necesario discutir sobre algo tan insignificante, porque nuestro viaje juntas es muy corto…» Cada uno de nosotros debe comprender que nuestro tiempo en este mundo es tan corto, que oscurecerlo con peleas, argumentos inútiles, celos, no perdonar a los demás, el descontento y una actitud de averiguación constante es una ridícula pérdida de tiempo y energía. ¿Alguien rompió tu corazón? Tranquilízate. El viaje es muy corto. ¿Alguien te traicionó, intimidó, engañó o humilló? Tranquilízate. Perdona. El viaje es muy corto. Alguien te insultó sin razón? Tranquilízate. Ignora. El viaje es muy corto. Cualesquiera que sean los problemas que alguien nos traiga, recordemos que nuestro viaje juntos es muy corto. Nadie sabe la duración de este viaje. Nadie sabe cuándo llegará su parada. Nuestro viaje juntos es muy corto. Vamos a apreciar a amigos y familiares. Seamos respetuosos, amables y perdonémosnos los unos a los otros. Vivamos llenos de gratitud y alegría. Después de todo, nuestro viaje juntos es muy corto! Deseo que tengas un viaje agradable por este mundo y que tus sueños se cumplan, tus éxitos se multipliquen y que disfrutes plenamente con quien te toca y quieras viajar.
El Buda estaba sentado debajo de un árbol hablando con sus discípulos cuando un hombre se acercó y le escupió en la cara.Él se limpió y le preguntó al hombre: “¿Y ahora qué? ¿Qué quieres decir ahora?” El hombre estaba muy desconcertado porque él no esperaba que el Buda le preguntara, “¿Y ahora qué?” Este hombre no había tenido una experiencia así en su pasado. Él había insultado a mucha gente y todos se habían enojado y habían reaccionado. Y, cuando eran cobardes y débiles, le sonreían, tratando de calmarlo. Pero Buda no era como ninguna de esas personas; no se enfadó, ni de ninguna manera se sintió ofendido, ni de ninguna manera era un cobarde. Solo le preguntó: “¿Y ahora qué?” No hubo reacción por su parte.Pero los discípulos de Buda se enojaron, y ellos sí reaccionaron. Su discípulo más cercano, Ananda, dijo: “Esto es demasiado. No podemos tolerarlo. Él tiene que ser castigado por ello, si no todo el mundo va a empezar a hacer cosas como esta.”Buda dijo: “Ustedes guarden silencio. Él no me ha ofendido, pero ustedes sí me están ofendiendo. Él es nuevo, un extraño. Debe haber escuchado de la gente algo sobre mí para que este hombre sea un ateo, un hombre peligroso que saca a la gente fuera de su camino, un revolucionario, un corruptor. Y él puede haberse formado una idea, una noción de mí. No me ha escupido a mí, él ha escupido su noción de mí. Ha escupido en su idea de mí, porque no me conoce en lo absoluto.” “Si ustedes piensan profundamente”, dijo Buda, “él ha escupido a su propia mente. Yo no soy parte de ella, y puedo ver que este pobre hombre debe tener algo más que decir, porque esta es una manera de decir algo. Escupir es una manera de decir algo. Hay momentos en los que ustedes sienten que el lenguaje es impotente: cuando aman profundamente, cuando sienten ira, cuando sienten odio, cuando están en oración. Hay momentos intensos cuando el lenguaje es impotente. Entonces ustedes tienen que hacer algo. Cuando uno está enojado, intensamente enojado, uno golpea a la otra persona, la escupe: uno está diciendo algo. Yo lo puedo entender. Él debe tener algo más que decir, es por eso que le estoy preguntando, “¿Y ahora qué?” ¡El hombre estaba aún más confundido! Y Buda dijo a sus discípulos: “Yo estoy más ofendido por ustedes porque ustedes me conocen, y han vivido durante años conmigo, y aun tienen esta reacción.”Desconcertado, confundido, el hombre regresó a su casa. No pudo dormir en toda la noche. Ya no le era posible dormir más de la manera sosegada como solía dormir antes. Una y otra vez revisaba mentalmente su experiencia con el Buda. No podía explicarse a sí mismo lo que había sucedido. Todo su cuerpo temblaba, sudando y empapando las sábanas. Nunca se había encontrado con un hombre así; el Buda había destrozado toda su mente y todos sus patrones, todo su pasado.A la mañana siguiente volvió. Se arrojó a los pies de Buda. Y Buda le preguntó de nuevo: “¿Y ahora qué? Esto, también, es una manera de decir algo que no se puede decir con el lenguaje. Al llegar y tocar mis pies, tú estás diciendo algo que no se puede decir normalmente, algo para lo cual todas las palabras son demasiado estrechas; no puede ser expresado con ellas.” Buda dijo: “Mira, Ananda, este hombre está de nuevo aquí, él está diciendo algo. Este hombre es un hombre de profundas emociones. ”El hombre miró a Buda y le dijo: “Perdóneme por lo que hice ayer. ”Buda dijo: “¿Perdonarte? Pero yo no soy el mismo hombre al que tú escupiste ayer. Fíjate que el Ganges siempre está fluyendo, nunca es el mismo Ganges. Cada hombre es un río. El hombre a quien escupiste ayer ya no está aquí. Me parezco a él, pero yo no soy ese hombre, ¡mucho ha sucedido en estas veinticuatro horas! El río ha corrido muchísimo. Así que no te puedo perdonar porque no tengo ningún rencor contra ti.” “Y veo que tú también eres un hombre nuevo. Puedo ver que no eres el mismo hombre que vino ayer pues ese hombre estaba enojado y me escupió, mientras que tú, hoy, estás haciendo una reverencia a mis pies, tocando mis pies. ¿Cómo puedes ser tú el mismo hombre? Tú no eres el mismo hombre, así que vamos a olvidamos de eso. Esas dos personas, el hombre que escupió y el hombre que fue escupido, ninguna existe ya. Acércate. Hablemos de otra cosa”.
Cada hombre es un río. El hombre a quien escupiste ayer ya no está aquí. Me parezco a él, pero yo no soy ese hombre, ¡mucho ha sucedido en estas veinticuatro horas
Un padre le dijo a su hijo: te graduaste con honores, aquí tienes un auto que adquirí muchos años atras… tiene más de 50 años de antigüedad. Pero antes de dártelo, llevalo al lote de autos usados del centro y diles que lo quiero vender y ve cuánto te ofrecen. El hijo fue al lote de autos usados, regresó con su padre y le dijo: “Me ofrecieron $1,000 porque se ve muy desgastado». El padre dijo: “llevalo a la casa de empeño «El hijo fue a la casa de empeño, regresó con su padre y dijo: “La casa de empeño ofreció $100 porque era un auto muy viejo «El padre le pidió a su hijo ir a un club de autos y enseñarles el auto. El hijo llevó el auto al club, regresó y le dijo a su padre: “unas personas en el club ofrecieron $100,000 por el, ya qué es un Mustang clásico y muy buscado entre los miembros del club” El padre dijo a su hijo: “Quería que supieras que el lugar correcto te valora de la forma correcta»… Sí no eres valorado, no te enojes, significa que estás en el lugar equivocado. Aquellos que conocen tu valor son aquellos que te aprecian, y nunca te quedes en un lugar dónde nadie vea tu valor.