Poema de Adolf Hitler a su Madre Klara

«Cuando tu Madre haya ya envejecido, Cuando sus amorosos y esperanzados ojos ya no vean la vida como alguna vez lo hicieron, Cuando sus pies, ya cansados, No puedan ya sostenerla mientras camina… Entonces, entrégale tu brazo en apoyo, Acompáñala con alegría, Vendrá la hora en que, sollozando, deberás acompañarla en sus últimos pasos. Y si algo te pregunta, entonces dale una respuesta. Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale! Y si te pregunta aún otra vez, respóndele, No impacientemente, sino con gentil calma. Y si no puede ella entenderte con claridad, explícale todo con gentil alegría. Vendrá la hora, la amarga hora, en que sus labios no preguntarán nada más.»

Y si te pregunta de nuevo, ¡háblale! Y si te pregunta aún otra vez, respóndele, No impacientemente, sino con gentil calma.